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(Tomado del Diario La Prensa del 14 de enero de 2010)

Por: Nelson Antonio Lara, Presidente Ejecutivo, Asociación de Guardavidas de Panamá.

El guardavidas voluntario es la persona que sirve a la comunidad por decisión propia y libre, sin percibir remuneración económica; de forma que el servicio que brinda debe cumplir tres condiciones: ser desinteresado, intencionado y legítimo, y estar justificado. No es un pasatiempo ni un entretenimiento, sino que persigue la satisfacción de necesidades que se han definido como tales y que, generalmente, buscan el beneficio de otros, gracias a un esfuerzo personal, movido por algo.

Eso lo aprendí cuando entré a la Cruz Roja Panameña en 1991. Recuerdo que no se podía pasar de aspirante si, aunque se supiera todo sobre las técnicas de socorro y demás, no se había recibido la charla acerca del voluntariado, que era parte de los temas más importantes de introducción e inducción para ser miembro de esta institución y participar en sus actividades y operativos.

Me hice salvavidas en 1993 con la Cruz Roja Americana y guardavidas en 1994 con la Cruz Roja Panameña. Desde entonces, participé voluntariamente de los operativos de playa de esta institución (cinco veces para ser honesto), antes de ser miembro fundador y directivo de lo que hoy es la Asociación de Guardavidas de Panamá.

En 16 años de laborar como tal, conocí que el salvamento acuático en Panamá no tenía reglas, que los únicos realmente beneficiados son los políticos, tanto como los empresarios, y los que siempre salen perjudicados somos nosotros, porque hay que estar loco para permanecer a la orilla de una piscina, playa o río bajo el inclemente sol, o entrar al agua para hacer un rescate, alcanzar a la víctima y brindarle asistencia. Que se le seque a uno la ropa puesta tiene sus riesgos, tanto como que el cuidado de decenas, cientos y hasta miles de personas conlleva una gran responsabilidad.

El salvamento acuático se ha convertido en una de las profesiones mejor pagadas en muchas partes del mundo; sin embargo, en nuestro país no sucede igual, sigue huérfana. Aquí se contrata o se coloca gente sin entrenamiento para que haga nuestro trabajo, y a los que estamos preparados y vivimos de esto, se nos cuestiona sobre el valor de nuestra labor. No nos brindan equipos y nos asignan tareas que no tienen que ver con nuestra actividad, que muchas veces nos alejan de nuestra zona de responsabilidad.

Para sanar la herida en la moral de los guardavidas, nuestra asociación elevó a la Asamblea Nacional una propuesta, que hoy es la Ley No. 19 de 5 de junio de 2007, procurando que, al hacer obligatoria la contratación y equipamiento de profesionales en las áreas acuáticas (públicas y privadas), se cumpliera con el estricto ordenamiento de la seguridad ciudadana en nuestras aguas de acceso público.

Lo primordial sería que, desde la promulgación de la citada ley, casi todos los balnearios de piscinas, ríos y playas del país contaran con nuestra gente para garantizar el bienestar de los visitantes y que, como en toda profesión, se les pagara por su trabajo. ¡Pero no!, como todos los años, los miembros del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) –que se llaman a sí mismos parte interesada en el tema– colocan a personal voluntario en los balnearios, cuyos administradores lucran y, a la vez, se benefician de este servicio gratuito.

¿Y todo para qué?, para que el nombre del director general de Sinaproc aparezca en los medios de comunicación, como el que tiene la varita mágica y la solución en materia de seguridad en las playas; simplemente para asegurarse propaganda política gratuita y poder aspirar a la posibilidad de un cargo de elección popular, como quedó demostrado en el pasado, aunque para ello, le pase por encima a la Ley No. 7 de 2005, a la Ley No. 19 de 2007 y a cuanta norma le parezca conveniente.

Lo que los voluntarios, por su devoción a la institución que los acreditó y su espíritu altruista y solidario, no han notado es que están siendo utilizados y que en el momento que algo les pase, el director solo podrá llegar donde sus seres queridos a decirles: “era una persona muy abnegada, hacía lo que tanto amaba, lamento su pérdida”. Esto, señores, no pone platos de comida en la mesa de madres o esposas que no verán a los suyos volver a casa por ser tan sacrificados.

La Ley del Salvamento Acuático existe por y para la población, porque garantiza que habrá alguien altamente entrenado, adecuadamente equipado y económicamente satisfecho, que cumplirá cabalmente con sus tareas, procurará mantenerse en óptimas condiciones físicas y perfeccionarse constantemente, porque posee todo lo que necesita, tanto más que si fuera voluntario.

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